<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-23251255</id><updated>2011-11-15T07:15:58.012-07:00</updated><title type='text'>Relatos con resabio asfáltico</title><subtitle type='html'>Expresión y creación a partir del asfalto</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://malresabio.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23251255/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://malresabio.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>El de-compuesto</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://photos1.blogger.com/x/blogger/326/1937/1600/645194/enoch.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>18</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23251255.post-6448123985924312805</id><published>2008-01-18T10:05:00.000-07:00</published><updated>2008-01-21T11:34:29.180-07:00</updated><title type='text'>Reseña de Educar a los topos de Guillermo Fadanelli</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_viSr_qEVXJg/R5DkJQj7cYI/AAAAAAAAAhc/0vbk0YkcfHg/s1600-h/edtop.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://3.bp.blogspot.com/_viSr_qEVXJg/R5DkJQj7cYI/AAAAAAAAAhc/0vbk0YkcfHg/s320/edtop.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5156872421054837122" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablar de Fadanelli es, quizá desafortunadamente, remitirse a los clichés. Como bien se sabe, él es prácticamente un escritor de culto para muchos. Una especie de Bukowski mexicano. Es el escritor despreocupado, excéntrico. Borracho. Y si nos remitimos a sus entrevistas, a sus artículos, nos damos cuenta de que la estética de la autodestrucción y el nihilismo es algo que para Fadanelli representa también una ética. "Cada vez que un hombre escoge la mediocridad, -dijo en una entrevista del 2004-, el universo suspira de alivio". &lt;br /&gt;     Sobre su obra, es un lugar común decir que gira en torno a la nada y al vacío. Que no aspira a nada, porque en sus libros la existencia carece de sentido, al igual que la sociedad. Es común decir que son libros amodorrados, desganados. Pero me gustaría remitirme a un fragmento de &lt;span style="font-style:italic;"&gt;Educar a los topos &lt;/span&gt;(Anagrama, 2006) en el que el narrador dice algo que bien podría decirse también sobre la obra de este escritor: “No propiamente desgano, más bien ira contenida, resignación que no terminaba de manifestarse.”&lt;br /&gt;     En este libro, una estupenda novela de crecimiento, la complacencia de Guillermo, personaje principal y probable trasunto, y su aceptación de un mundo ruinoso, no se da por debilidad, ni por una resignación que resulte sencilla. Resulta que hay un poco de cobardía, pero una cobardía sin la cual - y esto se va a escuchar espantoso- sería imposible (sobre)vivir en el Distrito Federal.  Desde la voz de un adulto que recuenta la historia de los difíciles años entre la infancia y la adolescencia, que en la novela equivalen a la corrupción moral, el narrador nos va reconstruyendo la ciudad de México de los finales de los años setenta y quizá principios de los ochenta. La urbe, personaje de la novela, se dibuja con un lenguaje preciso y armonioso, y carente se recubrimientos artificiales. Estamos ante una prosa que parece ser cruda pero que nos dibuja justamente con eso una ciudad de México  gris, opaca, anodina. Y el narrador, cuyo padre ha decidido mandarlo a una escuela militar, es el canal que aprovecha el autor para explicitar el sinsentido: los militares con sus órdenes estúpidas, sus reglamentos inútiles, su fuerza bruta que reniega toda razón en pos de la disciplina. Toda esa violencia latente, implícita, que amenaza la vida y avanza hacia algo que parece peor y peor. Pero esto no significa que el personaje no se dé cuenta de lo que pasa: el que soporte la estupidez, no significa que no se dé cuenta de ella, de que no le parezca aberrante. Y en ese sentido, se le podrá tachar a Fadanelli se nihilista, mas no de amoral. Porque nos hace formularnos la pregunta: ¿qué es vivir en la ciudad de México sino aprender a tolerar la injusticia? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para el personaje/narrador, incluso la condición de resignación es vivida con intensidad. Porque al no haber posibilidades – por miedo, por causas materiales, por ambas- de rebelión o cambio, lo más que puede hacer es resistir desde la moral, y crear, en la soledad y la lejanía, un espacio en el que se puede decir “esto no está bien”, a pesar de que uno se vea obligado a continuar destruyéndose. &lt;br /&gt;Es esta condición dolorosa la que marca a los personajes de Fadanelli: su imposibilidad de alejarse de las determinaciones sociales, que sin embargo ellos interiorizan y hacen parte de sus vidas. Y por eso creo que leerlo vale la pena. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-style:italic;"&gt;Reseña de Herbert Von Decomposer&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
&lt;br&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/step2.php" target="_top"&gt;&lt;font color="#666666"&gt;Web Counters&lt;/font&gt;&lt;/a&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23251255-6448123985924312805?l=malresabio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://malresabio.blogspot.com/feeds/6448123985924312805/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23251255&amp;postID=6448123985924312805' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23251255/posts/default/6448123985924312805'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23251255/posts/default/6448123985924312805'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://malresabio.blogspot.com/2008/01/resea-de-educar-los-topos-de-guillermo.html' title='Reseña de Educar a los topos de Guillermo Fadanelli'/><author><name>El de-compuesto</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://photos1.blogger.com/x/blogger/326/1937/1600/645194/enoch.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_viSr_qEVXJg/R5DkJQj7cYI/AAAAAAAAAhc/0vbk0YkcfHg/s72-c/edtop.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23251255.post-7039924789631268435</id><published>2007-11-18T20:36:00.000-07:00</published><updated>2007-11-18T20:49:19.724-07:00</updated><title type='text'>Iba</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;span style="font-weight: bold;"&gt;Iba&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;por Amy Hempel&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_viSr_qEVXJg/R0EHkn42W8I/AAAAAAAAAdQ/H0qYiWPSHYE/s1600-h/desertroad.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://4.bp.blogspot.com/_viSr_qEVXJg/R0EHkn42W8I/AAAAAAAAAdQ/H0qYiWPSHYE/s320/desertroad.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5134393375943187394" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Hoy por la mañana descubrí una errata en el menú del hospital. Lo que quieren decir, me parece, es que el guiso que van a servir por la noche irá acompañado de espaguetis a la putanesca. Pero lo que está escrito aquí, en la bandeja del desayuno, es que el guiso irá acompañado con espaguetis a la &lt;i style=""&gt;amputanesca&lt;/i&gt;.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Ésta no es una palabra que de gusto leer después de que tu auto se volteó dos veces a cien por hora, y luego cayó en una zanja.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;No perdí el control en una parte de la carretera conocida como el Callejón de la sangre o la Curva de los paramédicos, sino que lo perdí en un camino plano y seco, sin ningún otro auto a mi alrededor. La razón es la siguiente: en el desierto, me gusta manejar mirando a través de unos binoculares. Lo que me gusta de hacerlo es que las cosas son dos a la vez. Las cosas están lejos y cerca, y tú sigues en el mismo sitio.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;En la zanja, las cosas también ocurrieron de dos modos a la vez. El aire estaba increíblemente caliente, y mi piel estaba increíblemente fría.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;–Hijo, me dijo el doctor, no deberías seguir vivo.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;El impacto me borró dos días de la cabeza, pero lo único que puedes ver es la cortada en mi quijada. Mi carro es declarado pérdida total, y a cambio recibo veinte puntadas que impiden que me rasure.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Qué bueno que esto haya sido lo único que ocurrió, pienso. Este hospital y esta clínica no son precisamente hospitales de primera. Los utensilios no vienen de un botiquín de primeros auxilios, sino de una caja de herramientas. Las paredes de la recamara no están pintadas de beige rosa, ni de un verde brillante. Los muros son del color de un chocolate viejo cuyas orillas se destiñen.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;Y luego está el olor a gusanos.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;Aunque es posible que esté equivocado al respecto.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Soy propenso a las alucinaciones olfativas. En el momento en que la casa de mis padres se estaba quemando, pude oler el humo a tres estados de distancia.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;Ahora puedo oler gusanos.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;El doctor me quiere mantener bajo observación porque me pegué en la cabeza. Así que perderé unos días de clases. No tengo problema con ello. Creo que el 99 por ciento de lo que uno hace se puede posponer. De hecho, el accidente fue una experiencia de aprendizaje.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;¿No lo sabías &lt;i style=""&gt;tú &lt;/i&gt;también? &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;Que el dolor enseña.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;   &lt;/span&gt;Una de las enfermeras es lo que le sigue. Estaba agachada sobre mi cama, extrayendo pedacitos de vidrio templado de mi cabellera. –¿Qué&lt;span style=""&gt;  &lt;/span&gt;aprendemos de esto?, me preguntó.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Fue como la clase que tuve en la escuela en la que el profesor habló acerca de Darse cuenta. El ejemplo que dio (el muy mentiroso dijo que fue cierto), fue una vez en la que, tomando jugo de naranja, se dio cuenta de que un día estaría muerto. Se preguntaba si nosotros, sus estudiantes, nos habíamos dado cuenta de cosas similares.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Me pregunté si acaso estaría bromeando.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Una vez canjeé mi cheque quincenal y me di cuenta que no alcanzaba.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Una vez me intoxiqué y me di cuenta que estaba atrapado dentro de mi cuerpo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;              &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Lo que me interesa ahora es la cosa de la memoria. ¿Por qué dos &lt;i style=""&gt;días&lt;/i&gt;? ¿Por qué dos &lt;i style=""&gt;días&lt;/i&gt;? Lo último recuerdo es que no me pidieron identificación en un bar en el que no había más de un par de tipos, cerca de los salares de Bonneville. El cantinero me sirvió un tequila y dejó la botella fuera. Me preguntó a dónde iba, y le dije que sólo iba. Me mostró cómo poniéndole una gota de tequila en la cola, el escorpión se pica hasta morir.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;¿Qué pasó después?&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Quizá esos días regresen y quizá no lo hagan. Mientras tanto, qué les parece esto: ni siquiera recuerdo todo lo que olvidé.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Aunque sí recuerdo el accidente. Recuerdo que fue como los binoculares. Ya sabes, ¿en dos direcciones? Fue lento y fue rápido. Fue ambas.&lt;o:p&gt;&lt;br /&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;            &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;br /&gt;El estofado no estuvo tan mal. Me comí hasta el último pedazo. Me terminé los vegetales verdes y también los rojos y los anaranjados.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Ahora me encuentro esperando a la enfermera nocturna. Viene a tomarme la presión a esta hora. Podría decirse que es el momento culminante de mi día. Esto se debe a que, en comparación a esta enfermera, las demás mujeres del mundo parecen transexuales. Desafortunadamente, ella está enamorada del Señor.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Pero esta enfermera, vaya que sabe jugar. Cuando no puedo dormir, ella viene con el directorio telefónico, se sienta junto a mi cama y buscamos nombres graciosos. Calíope Ziss y Maurice Panqué viven en esta comunidad.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Me gusta tener una mujer en mi cuarto, por la noche.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;La enfermera nocturna despide un olor a vela navideña.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Después de que se va del cuarto, y por un lapso corto de tiempo, la recámara se siente como si ella estuviera aquí. No lo está, pero su idea sí.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;No es igual, pero me pone a pensar en la noche en que murió mi madre. A tres estados de distancia, el olor en mi recámara era el del maquillaje de su rostro cuando me dio un beso de buenas noches, la noche en que no estaba ahí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Traducción del de-compuesto&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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La voz suplicante del cónyuge no tiene el efecto deseado. La mujer se mantiene parada al filo del abismo. Aunque no por mucho tiempo, amenaza.&lt;span style=""&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;Tengo la ocurrencia de que soy yo quien debe convencerla de bajar. Lo veo, y sucede así. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;span style=""&gt;              &lt;/span&gt;Le cuento a la mujer la historia de un hombre en Bogotá. Era un hombre acaudalado, un industrial a quien secuestraron para luego cobrar un rescate. No fue como lo retratan en las series de televisión: su esposa no pudo simplemente llamar al banco y, al cabo de veinticuatro horas, tener listo el millón de dólares. Tardó meses. El hombre tenía una afección cardiaca, y los secuestradores tuvieron que mantenerlo vivo.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;    &lt;/span&gt;Escúchame, le digo a la mujer que está parada al filo del abismo. Sus captores le hicieron dejar de fumar. Cambiaron su dieta y lo pusieron a hacer ejercicio todos los días. Y lo mantuvieron así durante tres meses.&lt;br /&gt;&lt;span style=""&gt;     &lt;/span&gt;Una vez pagado el rescate y tras ser liberado, su doctor lo examinó. Encontró al hombre en excelentes condiciones de salud. Le repito a la mujer lo que el doctor dijo en ese momento. Que el secuestro fue la mejor cosa que le pudo haber ocurrido al hombre.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;*&lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;*&lt;span style=""&gt;      &lt;/span&gt;*&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Tal vez ésta no sea una de esas historias hechas para que te arrepientas de saltar. Pero la cuento con la esperanza de que la mujer que está al filo del abismo se plantee una pregunta, la misma que se planteó el hombre en Bogotá. Que cómo sabemos que lo que nos pasa no es bueno.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;Traducido por el De-compuesto&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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Soy una persona distraída, hay que tenerlo bien presente, pero acaba de suceder un hecho sin precedentes que me llevó de vuelta hasta aquel incidente. Fue como si alguien hubiera activado el botón de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;rewind&lt;/span&gt;, y de pronto me vi en medio de una tormenta carnal que podía devenir en golpes, sí, ahí estaba yo, tratando de serenar al hercúleo cuerpo de mi tío Paco y viendo como la familia comenzaba a desenterrar rencores hasta el agrietamiento irremediable. Habrá sido durante alguna fecha especial. Especial para la sociedad, digo, porque a mi siempre me han tenido sin cuidado todas esas conmemoraciones que funcionan más como tapaderas del contrato social que como otra cosa. La familia no acostumbraba verse ni hablar durante los intersticios entre fecha y fecha. Simplemente aguardaba hasta que llegaba el día esperado y, como parte de una rutina institucional, nos reuníamos en casa de los abuelos para comer y festejar algún motivo enterrado en los pozos de la historia. Una fecha especial. Que el aniversario de la Independencia, que el día del padre, que el de la madre, que la Navidad o cierto cumpleaños. Para efectos prácticos viene a dar lo mismo, así que acabo de decidir que mi relato sucedió algún día de mediados de junio, durante uno de esos domingos dedicados a los buenos de nuestros progenitores. Confío en que esta situación no será motivo para que el lector sospeche de la veracidad de mis palabras. Elegir un día arbitrario simplemente tiene la función de dotar de un contexto al hecho principal que es el que nos interesa y que es el siguiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel día del padre transcurría como cualquier día del padre. O al menos como cualquier día del padre a la manera de los Nava. Amontonados en la veterana casa de Miguel Ángel de Quevedo, mi abuelo era la estrella ese domingo. No sé bien cuando fue que comenzó la transmutación del patriarcado como eje vertebral de las relaciones intrafamiliares, pero me obligo a creer que fue mucho antes de que naciera mi bisabuelo paterno, pues el árbol genealógico indicaba que los Nava tuvieron una prodigiosa carrera militar. Todos y cada uno de los varones habían sido gallardos personajes en la guardia porfiriana, algunos hasta habían servido al lado de distinguidos diputados y, por supuesto, habían sabido someter a sus mujeres con meticulosa gentileza. El pasado de mis antecesoras es tan difuso como sus fotografías decoloradas que cuelgan en las paredes de Quevedo. La cosa cambió con la generación de mi padre y sus hermanos, quienes, si bien fueron criados bajo la estricta mano de mi abuelo, también vivieron tiempos históricos más saludables. En conjunto con la revuelta sesentera (o tal vez desde un puesto más neutral) lograron derribar muros que antaño eran impenetrables. Finalmente la realidad había rebasado a los fantasmas y si todavía las fiestas familiares se celebraban con la figura protagónica del macho, era más como residuo de alguna mortecina tradición que como mera sumisión jerárquica. La que sí se conservó intacta, para que vean, fue la sempiterna costumbre de convivir entre copas y carcajadas etílicas. Mi abuelo ya estaba notablemente ebrio cuando llegué a la casa, y nada más besarle la mejilla, un filoso tufo a destilerías me hirió justo en los ojos. Su tremenda sonrisa indicaba que aquella tarde estaba destinada desde tiempos innombrables para él solo. Creo que es una actitud sintomática siempre que se mezcla protagonismo con alcohol. Los resultados no siempre son los mejores. Pero esperen, todavía hay un factor que resta añadir. Recuerdo que el mismo día se disputaba un evento que captó la mirada de todos los medios: uno de esos partidos de capital importancia para la selección de fútbol. El rival, algún equipo caribeño. Habrá sido la Copa de Oro o la Copa América, pues me resulta imposible imaginar a ninguna selección isleña compitiendo en el mundial. Para ser sinceros tampoco entiendo cómo México clasifica a tantos torneos con jugadores tan mediocres. Pero así de contradictorio es el mundo y creo que media ciudad estaba paralizada por ver el encuentro y cifraba sus esperanzas en una victoria imperiosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tal vez hayan sido testigos de la fiebre &lt;span style="font-style: italic;"&gt;pambolera&lt;/span&gt; de los mexicanos. Pobrecitos de nosotros, allanados vilmente pero siempre dispuestos a presumir la pertenencia nacional (y siempre de la manera menos indicada.) Yo por esas fechas era escéptico de toda la programación televisiva, aunque también tenía curiosidad por la manera en que las personas se alienan voluntariamente. De tal forma que, sin más rodeos, me senté en algún rincón del comedor y con creciente interés analicé a mis semejantes durante casi 90 minutos. Las exclamaciones variaban dentro de un rango evidente, desde la reprobación desinteresada hasta las maldiciones y mentadas de madre. Mi abuelo era el más acalorado de todos. Cada vez que un jugador azteca (no me dejan de sorprender las metáforas de los brillantes comentaristas) cometía algún error comprometedor, mi abuelo saltaba de su trono y ofendía al susodicho, vociferaba contra el árbitro vendido y hasta ultrajaba la integridad de la madre del director técnico. Algunas tías se ocupaban de darle cuerda al festejado y mi abuelita, inocente, se esmeraba en seguir pendiente del marcador y de servirle cubas libres, mientras que mis primas se reían con jovialidad cuando la cámara enfocaba el culo macizo de los jugadores. Yo estaba fascinado por menudo circo. Por un momento hasta pensé ver partidos de fútbol con más frecuencia. Cuánta fatalidad, cuántas impresiones. México tenía dos hombres de ventaja sobre el adversario y el marcador no variaba de un insípido cero a cero. La angustia se podía sentir en la mirada de la familia, temían que el partido se extendiera hasta tiempos complementarios y yo estaba emocionado por la simple idea de que la diversión podía continuar. No llegamos a ver el final, sin embargo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A todos nos sorprendió el aullido de mi tío Paco. Llevaba un par de minutos forcejeando con unos cajones que no abrían y comenzaba a irritarse pero no le prestamos mucha atención, pues es común que mi tío se irrite. Bueno, viendo las cosas en retrospectiva, creo que nunca lo he visto tan irritado como aquella tarde. ¡Ya me chingaron la cámara!, exclamó furibundo, al tiempo que soltaba una reverenda patada contra el escritorio de la computadora que casi parte en dos. La narración del partido se opacó pasando a segundo plano. Luego vino el caos. Creo que fue mi tía Lourdes la primera en levantarse – ella siempre ha sido tranquila y todavía permanece enquistada la sorpresa que me causó su repentino ataque de histeria –,  entonces comenzó a chillar que esto no podía seguir así, que ya era el colmo, que mi abuelo tenía que tomar cartas en el asunto y, luego, comenzó a mencionar culpables. Yo no estaba al tanto, pero al parecer había un ladrón en la familia y muchos eran los casos en que habían desaparecido objetos de valor. En cuanto brotaron nombres concretos, la defensa de los acusados fue inmediata. Mi prima Gaby, encubierta por su madre, era la principal sospechosa y casi llorando planteó que muchos desconocidos entraban a la casa como para no dudar de ellos. Lourdes se abalanzó sobre mi prima para examinar si sus ojos mentían o decían la verdad. El padre de Gaby, Jonás, no iba a permitir que la lastimaran y con brusquedad sujetó a su hermana de los brazos. Mi tío Paco salió disparado contra Jonás, pero los demás actuamos rápido y luchamos por enfriar la situación. Entre cuatro primos logramos someter al hinchado tío Paco y mi padre ya había separado a Lourdes de Jonás. Gaby estaba en el piso, había resbalado durante el embate, y mi abuela lloraba inconsolable. Lo más sensato era que Jonás se retirara con su familia pues, aún alejada por una benévola distancia, Lourdes continuaba amenazando a Gaby con que su carrera delictiva la podía conducir a la cárcel. Jonás levantó a su hija y atravesaron la puerta. Todavía la madre de Gaby alcanzó a maldecir contra el honor de la familia y a desearnos un excelente día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ambiente se antojaba tenso. Una bandeja de cacahuates se había volcado y el piso parecía ser el reflejo de nuestras mentes turbadas. Mi tía Lourdes, encendida todavía, enumeró los objetos que había extraviado y las razones para desconfiar de Gaby. A mi abuelo no se le había bajado la melopea y se lamentó de lo sucedido y se quejó de que siempre había problemas en los días que se le festejaba. Yo me mantuve imparcial. Como lo expresé anteriormente, nunca se me informó de los robos precedentes, así que no tuve otra opción que mantenerme callado. La situación me incomodaba, pero tampoco tenía motivos para desconfiar de mi prima. En silencio, comencé a imaginar historias alternas del caso y apuntar presuntos culpables. Tal vez la misma Lourdes había aprovechado el incidente para acusar a mi prima. Su explosión de rabia fue evidente, pero también se le notaba excesivamente nerviosa y su insistencia detectivesca rayaba lo exagerado. O quizá el tío Ramón que no fue a celebrar a mi abuelo sabía que esto pasaría, se habrá excusado con algún contratiempo y elegantemente burlado el juicio antes de que se convocara. En última instancia, hasta mi tío Paco podría haber fingido el robo de su propia cámara y así pasarle la papa caliente a alguien más. De mi padre nunca sospeché, ya que rara vez visitaba a sus hermanos, pero hubiera sido interesante que, aprovechado su misma condición de inocencia, decidiera dar el gran golpe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las cosas no cambiaron tanto como hubiera imaginado después de tan lamentable incidente. Claro que mi tío Jonás abrevió sus de por sí esporádicas visitas a la familia, pero las fechas especiales seguían siendo motivo de congregación. Sencillamente se limitaba a sentarse a la mesa y guardar silencio hasta la hora de comer. Por otra parte, los robos sistemáticos llegaron a su fin y, durante la víspera de Navidad, incluso apareció misteriosamente un celular que tres años antes había perdido el hijo mayor de mi tía Lourdes. Hasta donde sé, fue el único objeto recuperado. Nunca se probó la inocencia ni la culpabilidad de Gaby y el tema fue archivado en los anales de los Nava. Lógicamente ella no iba a olvidar que, pese a todo, había sido directamente incriminada. Un día platicamos a solas y ella me juró que, salvo un poco de dinero que había robado a su hermana, nunca había arrebatado nada a la familia. Le creí. Y bueno, ahora que conocen los detalles de la historia, me siento más tranquilo. No es que estuviera buscando una manera de redimir mi conciencia, pero siempre es bueno desahogarse. Porque el hecho que detonó mis recuerdos y me instó a contarles toda esta historia fue que justo ayer encontré la cámara de mi tío Paco dentro de una caja archivada en mi armario.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://1.bp.blogspot.com/_viSr_qEVXJg/RmBhGhgQeDI/AAAAAAAAALs/MUTP9H6hehk/s320/DSC01049.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5071159945119954994" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Aquí&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucede algo aquí&lt;br /&gt;donde no sucede nada&lt;br /&gt;pues las calles&lt;br /&gt;se reinventan&lt;br /&gt;y cada día que pasa&lt;br /&gt;es el mismo&lt;br /&gt;(pero diferente)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucede algo aquí&lt;br /&gt;donde la gente avanza&lt;br /&gt;sin dejar huella&lt;br /&gt;donde la gente observa&lt;br /&gt;para olvidarlo&lt;br /&gt;(si acaso para evitar&lt;br /&gt; tropezarse)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Suceda algo aquí&lt;br /&gt;en esta esquina &lt;br /&gt;de instantes tan puros&lt;br /&gt;de tantos ires y venires&lt;br /&gt;(inconclusos)&lt;br /&gt;de tantos &lt;br /&gt;puntos de fuga&lt;br /&gt;(intersectos,&lt;br /&gt;subterráneos,&lt;br /&gt;pero aparentes)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es algo que va&lt;br /&gt;más allá de una mirada&lt;br /&gt;o el rugido de una motocicleta&lt;br /&gt;Trasciende&lt;br /&gt;los colores del agua sucia&lt;br /&gt;Flota por encima&lt;br /&gt;del aroma ralo y dulce&lt;br /&gt;de la ciudad&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sucede algo aquí&lt;br /&gt;en esta ciudad&lt;br /&gt;y en estas esquinas&lt;br /&gt;en las que no pasa nada&lt;br /&gt;y en las que sucede todo.&lt;br /&gt;Y es realmente &lt;br /&gt;lo más cercano a la belleza&lt;br /&gt;que existe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_viSr_qEVXJg/RmBj-xgQeEI/AAAAAAAAAL0/YE0f14a4uoo/s1600-h/DSC09954.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://2.bp.blogspot.com/_viSr_qEVXJg/RmBj-xgQeEI/AAAAAAAAAL0/YE0f14a4uoo/s320/DSC09954.JPG" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5071163110510852162" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Los pasajeros&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pasajeros esperan la estación&lt;br /&gt;en la que habrán de bajar&lt;br /&gt;con la misma indiferencia con la que esperan&lt;br /&gt;sus muertes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ojos cansados y las miradas perdidas&lt;br /&gt;en algún pensamiento que no resuelve nada&lt;br /&gt;se ven interrumpidos &lt;br /&gt;por una niña que pide monedas&lt;br /&gt;y les tira papelitos con palabras .&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Dicen: “Estamos cantando para juntar&lt;br /&gt;dinero y comer”)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero nadie le da nada&lt;br /&gt;y los papelitos que han caído en los libros&lt;br /&gt;los pantalones&lt;br /&gt;los brazos&lt;br /&gt;y se mantienen&lt;br /&gt;inmóviles&lt;br /&gt;sobre los pasajeros&lt;br /&gt;aburridos e indiferentes&lt;br /&gt;que no articulan una sola palabra&lt;br /&gt;que procuran no tener gestos&lt;br /&gt;ni emociones &lt;br /&gt;ni monedas.&lt;br /&gt;Pues van todos muy ocupados&lt;br /&gt;muriendo lentamente&lt;br /&gt;muriendo inmóviles apachurrados y pacientes&lt;br /&gt;hasta que se levantan y se van&lt;br /&gt;salen por las puertas que se han abierto por unos segundos&lt;br /&gt;por las que escurren como granos de arena en un reloj&lt;br /&gt;para morir en algún otro lado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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O sea, como buena mosca que era, siempre se sintió atraída por el perfume de una buena mierda callejera, oh sí, por esas exquisitas plastas ennegrecidas que arrojan los perros desde sus agujeros peludos, por esa señalética indiscutiblemente urbana, por esas minas indelebles de las vías públicas; pero el día que probó la cerveza, su vida dio un giro ostentoso. No hay que adelantarnos. La mosca era una mosca como las que tú conoces: negrita y gorda y se la pasaba saltando de mojón en mojón. Después se paraba a reposar encima de tu postre, depositaba sus huevecillos entre las hojas sacarificadas de chocolate y luego se iba a pasear por el barrio, empalagada e improductiva. Un parásito, como diría la gente educada, derrochando su tiempo en un vaivén apestoso, acumulando inmundicias entre sus vellosidades y asegurando la continuidad de su estirpe en el interior de organismos ajenos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En realidad la mosca vivía feliz en la ciudad de México. Estaba segura que había encontrado un lugar fértil en inmundicias, un gigantesco relleno sanitario que se prolongaba indefinidamente a lo largo de avenidas, ejes, calzadas, callejones y, ciertamente, jamás había pasado hambre. Su exoesqueleto era rígido, radiante de proteínas, su dieta bastante equilibrada. Siempre se esmeraba en combinar adecuadamente los alimentos para no sufrir descompensaciones. Además, había aprendido a gozar de la comida; el simple acto de comer se había vuelto un placer estético. Encontraba la misma satisfacción en masticar un buen bocado de mierda cacahuatosa que en escuchar la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;Tannhäuser&lt;/span&gt;. Por supuesto, le encantaba dormir. La siesta era obligatoria después de darse un banquete y si éste había sido soberbio, así lo debía ser aquella. A veces recorría grandes distancias con tal de encontrar un lugar adecuado para descansar. Solía pecar de hedonista en eso de las comodidades, pero no podemos negar que dista mucho dormir en el piso helado que acurrucado entre maternales cobijas. La mosca, claro está, no necesitaba cobijas maternales, pero siempre se las arreglaba para encontrar alguna cortina de satén damasco o algo parecido. Mosca y todo, era refinada a la hora de seleccionar. La tarea se volvió sencilla en cuanto comprendió que el mundo era suyo, pues no reconocía el significado de la &lt;span style="font-style: italic;"&gt;propiedad privada&lt;/span&gt;. Sabía que las personas son celosas de sus pertenencias, sí, y cuando salen de casa echan la llave, se sienten seguras entre seguros, pero no siempre cierran las ventanas. Estos diminutos espacios que las separan de los marcos bastaban para que la mosca se decidiera a violentar la intimidad de los demás, cosa que nunca le causó mayor remordimiento. Decía con permiso y se dirigía sedienta hacia el bote de basura más próximo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mosca nació y de extraordinaria adaptabilidad genética gozó. Las concentraciones metropolitanas habían parido tres especies que en definitiva sobrevivirían a las demás: las moscas, las cucarachas y las palomas. Nuestra mosca era un ejemplar perfecto de la modernidad, uno de esos bichos que tienen el culo de color metálico y que cuando vuelan se oye un zumbido como de astillero. En una ocasión un humano gordo y subnormal la quiso matar. Al parecer, no soportó el ruido de su poderoso aleteo y la atacó con un matamoscas. El gordo no sólo era gordo, sino lento, y falló en su patético ataque. La mosca entendió que los humanos son una especie que no sabe convivir con las demás y desde entonces desconfió de ellos. A veces le daba por suspenderse en el techo, alejada, y los analizaba. Los trataba de entender, los estudiaba minuciosamente. ¿Qué tienen de especial como para poder destruir cualquier cosa que les estorbe? Muchas veces las cuestiones más sencillas requieren de las explicaciones más obscenas. La mosca se bloqueaba. Su pequeño cerebro le impedía alcanzar conclusiones complejas y entonces los contemplaba con su andar bípedo y sus ridículas vestimentas y el mundo le parecía particularmente estúpido. Por más que se esmeraba en encontrar algo positivo en ellos, bastaba con mirarlos para desanimarse y tirar la toalla. Todo cambió cuando accidentalmente probó la cerveza. Por vez primera logró comprender a esa manada de changos lampiños que a duras penas podían soportar la conciencia de su propia conciencia y que habían logrado idear un artilugio embrutecedor para liberarse temporalmente de su miserable realidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo sucedió así: la mosca ya conocía los vasos. Sabía que los humanos los utilizan para verter diversos líquidos repugnantes y de vez en cuando agua simple. Mmmm, qué rica el agua, pero cuando mamaba refresco la atormentaba una sed terrible. ¿A qué idiota se le ocurrió inventar una bebida que no cure sino induzca la deshidratación? Un día vagaba cerca de una fonda y a través de sus ojos fragmentados divisó un vaso lleno de un líquido desconocido. Era color ámbar y se acordó de unos meados que había probado en la mañana. Como hacía un calor sofocante de esos típicos veranos de fin de siglo, decidió catear el brebaje aún con el efervescente recuerdo agridulce en el paladar. Se metió en el vaso, introdujo la trompa y succionó un poco. El sabor amargo la fascinó. Como la mosca era pequeña, se puso peda en seguida. No tuvo tiempo para percatarse que se alejaba de las paredes del vaso. El alcohol entraba por sus poros y poco a poco se hundía. También le entraron intensas ganas de mear y no supo qué era peor. Luego vio una mano gigantesca que se acercaba al vaso. Era el dueño de la cerveza. En vez de finiquitarla, con ayuda de una servilleta la rescató y la arrojó contra el piso grasiento y luego se bebió de un trago el resto de su chela. Ella, por instinto, se sintió amenazada y comenzó a volar dibujando zigzagueos etílicos. Chocó varias veces contra una manta de plástico y por poco y se cae en una michelada. Excitada, encontró un calendario antiguo de hacía dos años colgado sobre la pared y se quedó viendo el mundo dando vueltas alrededor suyo. Cuando se le bajó la peda, un sentimiento de haber hecho el ridículo inundó su cuerpo peludo. Luego se deprimió. Luego le entró tremendo sueño. Se fue volando en busca de cualquier cortina y antes de quedarse dormida entendió que había descubierto algo grande. Cuando se despertó todo estaba oscuro y no recordaba sus sueños ni la mitad del día anterior. Se había meado encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó a beber cerveza con más frecuencia. Las fondas color pistache y las cantinas malolientes eran sus lugares predilectos. Ahí la gente era diferente, estúpida, claro, pero menos engreída. Además no había un puto matamoscas a la vista. Los personajes que frecuentan esos sitios en busca de un trago están suficientemente desesperados como para aceptar convivir con las demás especies. En cierto sentido, ellos mismos pertenecen a las “demás especies”. La mosca había decidido darles una oportunidad, si bien es cierto que no era fácil verla con la misma lucidez de antes. Ya no les huía. Durante la que fue probablemente su peor peda, se puso a platicar con un anciano estropeado que siempre se escondía en un agujero oscuro y fumaba y nunca hablaba. Apestaba a calcetines rancios y su expresión denotaba tragedia y amargura. El anciano le contó sus desgracias, la mala vida que le dieron, y ella le planteó su dulce dependencia del alcohol. Acordaron secuestrar un camión expendedor de cerveza y beber lo más posible antes de ser capturados. Acordaron ésta y otras cien estupideces que, según ellos, los ayudarían a sobrellevar la puta vida de mierda que los mancillaba. Pasaban las horas y parecía que el mundo agonizaba. Junto con la cerveza vomitó sangre y todos sus demonios, tan intoxicada estaba aquella noche la pobre mosca. Después no volvió a ver al anciano y optó por replantear su relación con la bebida. Ésta la había ayudado a despojarse de numerosas cadenas, pero también estaba opacando su sensatez. Recordó sus métodos hedonistas y pensó que la cerveza podía ser a la vez placer y puerta al entendimiento. Ahora, cuando bebía se posaba en algún mueble a filosofar y - carajo, cómo le extrañaba esto- observar a los seres humanos hacer de las suyas. Por fin comprendía que no tenía nada que perder. Estaba feliz y sabía que pronto encontraría la respuesta a todas esas cuestiones sencillas que solían acribillarla. ¿Qué tienen de especial como para poder destruir cualquier cosa que les estorbe?, ¿qué tienen de especial?, la pregunta se repetía en círculos y la solución emergía parcelada en su trompa y volvía a desaparecer, jugueteaba, se explayaba. De pronto, casi como un fantasma emergiendo desde el humo pálido de los cigarros, vio aparecer a un señor con cara de ratón y bigotes de charro. La muerte se veía clara en sus ojos alcohólicos conforme se aproximaba. No tenía ningún matamoscas, pero sí una palma rosada y cinco dedos gordos y enanos. El movimiento fue tan rápido que no alcanzó a sentir el peso de la carne ni a ver su nueva figura, una plasta repugnante, reflejada en el cenicero de metal. Ya estaba muerta cuando el señor ratón, que se había limpiado la mano con su camisa llena de manchas resecas, sacó a bailar a una de las señoras desdentadas que bebían a costa de los caballeros.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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Tampoco el primero. Recordaba con inexactitud los luengos peregrinajes de otros años. Básicamente sus memorias eran las historias que la abuela le contaba y que él había olvidado; tenía a penas cinco años y había hecho el viaje en cuatro ocasiones, las primeras prendido del pecho de su madre. La boca de su abuela era indígena. Le gustaba escuchar esos cuentos: las largas hileras de ciclistas, los estandartes magníficos con la imagen de Guadalupe, los campamentos y las comidas en la Ciudad, la Basílica encendida en medio de la noche. Este año el clima había sido muy extremo. La sierra era fría y la carretera aún más. Partieron tarde y, sumado a los reveses impredecibles del camino, llegaban poco antes de la víspera del 12.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No fue un buen viaje. Los días soleados, las noches frías. Vomitó en la camioneta más de una vez. Entonces, la caravana se detenía y él salía acompañado de su madre para no salpicar el cuero de los asientos con atole y fracciones de torta. Un día le dio calentura pero una de las ancianas aplicó en su pecho fomentos y ungüentos que lo aliviaron rápidamente. Cuando se recuperó, le pidió permiso a su padre para ir en bicicleta. Las bicicletas son muy grandes para ti, fue la respuesta. De todos modos, por las noches él soñaba que encabezaba la columna y que iba tan rápido que ningún vehículo era capaz de alcanzarlo. Precisamente era de noche cuando despertó y vio luces por todos lados y oyó ruidos estrepitosos. Era la Ciudad. No fue buena idea planear un viaje tan apretado en tiempo. Varias cuadrillas de peregrinos van retrasadas y las calles se han vuelto ríos de autos, camiones, ciclistas, troles, micros y peatones desorbitados. Los semáforos en el corte de Eduardo Molina y Talismán son emblemáticos. Quien puede, cruza independientemente del color. Cláxones. Aullidos poco amigables desde gargantas poco amigables. ¡Peregrinos hijos de puta! Chiflidos obscenos. Mentadas. Gordos embutidos en uniformes de policía pretenden normalizar el tránsito. El andar de los peregrinos, perpetuo como las filas de las hormigas, corta la circulación intermitentemente. Algunos autos van en contraflujo, hay remolques atascados. Una micro se abalanza sobre un joven con un cuadro de la Virgen colgado en la espalda que se ha extraviado de su grupo. Otro tipo con camisa cerrada hasta el cuello y cara de imbécil sale de su flameante Volvo y golpea y escupe la puerta de la camioneta justo del lado de su padre. Su padre no se inmuta. Él, que está acostumbrado al sosiego del bosque y la tierra, comienza a aturdirse con todo el caos. Quiere vomitar, pero sabe que entre tanta confusión va a ser imposible bajar. Traga saliva y cierra los ojos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando despierta, su familia está instalando un campamento con lonas y cobijas piojosas. Hay demasiada gente alrededor. Su comunidad es pobre y siempre ahorra para hacer la marcha obligatoria. Su madre lo llama y lo persigna, le da una torta de aguacate y un vaso con agua de tamarindo. La calle huele a mierda. Las personas que no están cenando, orinan en las coladeras o cagan detrás de los camiones. De vez en cuando truena algún cuete en el cielo. Pronto será hora de cantarle las mañanitas a la Virgen. Su abuela le dice que volteé. Ahí está la Basílica, brillante como una estrella verde. No podrán acercarse más. San Juan de Aragón está henchido de personas desde Ferrocarril Hidalgo, a la altura de Martín Carrera. Su abuela le da un beso. Los labios de su abuela son indígenas. A él le gusta que lo bese. Su abuela le da una monografía con el rostro de la Virgen engargolada y atada a un cordón rojo. Se lo cuelga del cuello. Él se emociona, aunque no sabe que significa el papel que cuelga de su pecho. Él imita a los que lo rodean y es feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es la hora de las mañanitas. Muchas ancianas se arrodillan en el piso helado. Los borrachitos lloran. Él ve una bicicleta roja estacionada junto a la camioneta. Se acerca y trata de montarla. Es muy alta y su pie resbala del pedal, se va de espaldas y la bicicleta cae encima de él. Un retrato de la Virgen que alguien había apoyado en la bicicleta se estrella contra el asfalto. El vidrio se quiebra y la Virgen se mancha de agua fétida y orines. Él se para y, asustado, se dispone a llorar cuando ve llegar a su padre. Su padre lo jala con violencia del brazo. Le da una cachetada con su mano negra y vieja. Levanta el retrato, lo limpia con su manga y se persigna. Besa la imagen, sus labios tocan el papel que comienza a rizarse en las zonas húmedas. A él se le secan los ojos y ya no puede llorar, siente en el estómago que ha hecho algo malo. Corre y abraza a su abuela. Por muchos años hará el mismo viaje, desde la Mixteca Alta hasta la capital. Aprenderá a adorar a Guadalupe y llevará siempre en el cuello la monografía que le dieron aquella noche. Hará múltiples actos de expiación pero nunca olvidará la noche en que manchó la imagen de la Santa. Solamente cuando encabeza las peregrinaciones montado en su bicicleta roja y ningún vehículo es capaz de alcanzarlo, consigue perdonarse.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/326/1937/320/304108/caffeine.gif" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Sofisticación&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La típica escoria de la ciudad&lt;br /&gt;bebe cafés y tés en un cuarto iluminado artificialmente.&lt;br /&gt;Sorbe malteadas a través de pajillas verdes&lt;br /&gt;y con aire&lt;br /&gt;de falsa indiferencia&lt;br /&gt;come pasteles y fruta&lt;br /&gt;sánduiches y galletas.&lt;br /&gt;Posan, en los momentos adecuados&lt;br /&gt;(por ejemplo, cuando pagan con su tarjeta&lt;br /&gt;American Express)&lt;br /&gt;para preservar&lt;br /&gt;la sofisticación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ríen sin saber que afuera&lt;br /&gt;la ciudad se ennegrece nuevamente&lt;br /&gt;y las putas se paran en sus esquinas,&lt;br /&gt;los borrachos toman la primera copa de la noche&lt;br /&gt;y alguien, en algún lado, se desangra sobre el pavimento&lt;br /&gt;que de manera irremediable&lt;br /&gt;(y, ni se diga, sorprendente)&lt;br /&gt;se junta con el asfalto que está a sus pies,&lt;br /&gt;al borde de la ventana del local.&lt;br /&gt;Se entremezclan de la misma manera que lo hacen&lt;br /&gt;los mares del mundo&lt;br /&gt;y algunos continentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;&lt;br /&gt;17 años&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no sé qué mierdas esperen&lt;br /&gt;con sus caras de hastío.&lt;br /&gt;apenas tendrán diecisiete años&lt;br /&gt;pero se aburren voluntariemente como viejos&lt;br /&gt;en una mesa&lt;br /&gt;escuchando las conversaciones de otros adolescentes palurdos&lt;br /&gt;que sin embargo tienen más dinero.&lt;br /&gt;porque ellos, aunque se pongan la misma ropa &lt;br /&gt;y se sienten&lt;br /&gt;en las mismas sillas&lt;br /&gt;no tienen algo que los demás tienen&lt;br /&gt;(y que es es tan sutil como las variaciones en las tonalidades de mezclilla)&lt;br /&gt;y por eso andan con la cabeza gacha&lt;br /&gt;cuando caminan a la puerta&lt;br /&gt;pues a pesar de que se ríen ruidosamente&lt;br /&gt;con carcajadas estúpidas&lt;br /&gt;en un café estúpido&lt;br /&gt;de una ciudad estúpida,&lt;br /&gt;caminan con precaución &lt;br /&gt;pues en el fondo les duele.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;y creo que es eso&lt;br /&gt;lo último que piensan &lt;br /&gt;en el fondo, aunque lo oculten&lt;br /&gt;pero de un momento a otro&lt;br /&gt;se acercan a la puerta&lt;br /&gt;y desaparecen para siempre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-weight:bold;"&gt;Soledad&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los sábados siempre estoy solo&lt;br /&gt;y a veces salgo a comer&lt;br /&gt;o al cine&lt;br /&gt;o&lt;br /&gt;a veces&lt;br /&gt;también a caminar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hoy acabé en un café&lt;br /&gt;leyendo un libro y viendo&lt;br /&gt;volar moscas&lt;br /&gt;(aunque la verdad es que&lt;br /&gt;en este café no hay moscas&lt;br /&gt;porque el aire acondicionado&lt;br /&gt;es muy fuerte).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A veces me encuentro&lt;br /&gt;a alguna persona, conocida&lt;br /&gt;que me pregunta: "¿A quién esperas?"&lt;br /&gt;y yo respondo: "A Nadie"&lt;br /&gt;y me observan&lt;br /&gt;como si fuese&lt;br /&gt;la reencarnación de jesucristo&lt;br /&gt;o un ornitorrinco&lt;br /&gt;y me digo: "mierda, me he&lt;br /&gt;quedado solo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero no importa tanto &lt;br /&gt;porque no me caigo tan mal hoy&lt;br /&gt;y porque sé que le ocurre&lt;br /&gt;a todas las personas &lt;br /&gt;tarde o temprano. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Además, &lt;br /&gt;me gustan&lt;br /&gt;los ornitorrincos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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&lt;br&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/step2.php" target="_top"&gt;&lt;font color="#666666"&gt;Web Counters&lt;/font&gt;&lt;/a&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23251255-116037323196121215?l=malresabio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://malresabio.blogspot.com/feeds/116037323196121215/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23251255&amp;postID=116037323196121215' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23251255/posts/default/116037323196121215'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23251255/posts/default/116037323196121215'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://malresabio.blogspot.com/2006/10/blog-post.html' title='&lt;strong&gt;.&lt;/strong&gt;'/><author><name>El de-compuesto</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://photos1.blogger.com/x/blogger/326/1937/1600/645194/enoch.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23251255.post-115670711984500789</id><published>2006-08-27T13:29:00.000-06:00</published><updated>2006-08-28T16:46:13.130-06:00</updated><title type='text'>Mariposas</title><content type='html'>&lt;a href='http://photos1.blogger.com/hello/237/9624/640/caterpillar.jpg'&gt;&lt;img border='0' style='border:1px solid #000000; margin:2px' src='http://photos1.blogger.com/hello/237/9624/320/caterpillar.jpg'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mariposas&amp;nbsp;&lt;a href='http://picasa.google.com/blogger/' target='ext'&gt;&lt;img src='http://photos1.blogger.com/pbp.gif' alt='Posted by Picasa' border='0' style='border:0px;padding:0px;background:transparent;' align='absmiddle'&gt;&lt;/a&gt;                                              &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El pequeño insecto, de cuerpo gelatinoso y torpe, se desliza con dificultad sobre el concreto. Ha dejado las ramas y los arbustos para buscar el sol, y ahora, con el paso certero de un soldado, se desplaza por la banqueta, junto a la avenida, al compás de una cadencia interna de retracción y estiramiento. Al percatarse de mi pie, levanta la cabecita, como para olfatear y reconocer el extraño bulto que se encuentra situado frente a ella. Su espalda negra, con pequeñas pecas amarillas y algunos pelos que parecen alfileres negros, se alza como la giba de un camello, y esto hace que parezca que se fuerza para empujar la tela de mi zapato. Sin embargo, reconoce la futilidad de su esfuerzo al cabo de pocos segundos, así que se repliega y luego se desdobla nuevamente en otra dirección, hacia la parte en la que no hay obstáculos. &lt;br /&gt;Noto que un policía que se encuentra a unos metros me observa con suspicacia. No sabe qué es lo que ocurre, ni qué sea lo que lleva a un hombre de mis dimensiones a dar esos pasos extraños, como de loquito, entre el arbusto y la banqueta. Y como todo lo que no entiende es potencialmente amenazador al orden público del cual es tan celoso guardián, mantiene un ojo alerta sobre mi silueta.&lt;br /&gt;Pero a mí no me importa. Vuelvo a colocar mi pie, de tal manera que la oruga ya no puede seguir avanzando ni pasar a la parte soleada de la banqueta, lejos del arbusto del que cayó. Ahora, ha tenido que regresar a la sombra de donde inicialmente buscaba el exilio.  Ahí, nuevamente, coloco mi pie, sólo que esta vez lo hago a lo largo, no a lo ancho. Ya no busco obstaculizar su paso, sino encarrilarla: que la oruga pueda seguir caminando por la orilla, sin que corra el peligro de ser pisada por algún distraído. &lt;br /&gt;Mientras tanto, el policía sigue observando, y la gente sigue pasando. En realidad, no son muchas personas, pero sí más de las que verdaderamente he conocido en mi vida. Todas me esquivan, me rebasan, pero ninguna realmente dice nada ni me cuestiona. Sólo el policía, parado afuera de la sucursal bancaria. &lt;br /&gt;Cuando noto que la oruga ya ha tomado un rumbo seguro, y que camina paralela a la banqueta, por la orilla, me congratulo de haber hecho un buen trabajo y me siento en el parabús que está a unos metros de ahí a esperar el autobús. El pesero no se ve desde acá: voy a tener que esperar un poco. Observo, ya sentado y más tranquilo pues me resguarda una sombra, cómo la oruga continúa avanzando con su consistencia como de flema por la avenida. Su paso es perfecto, pues recorre justamente la franja que corre debajo de la sombra a la altura del arbusto, y nadie camina tan por la orilla. Me doy cuenta que nunca he pensado la razón por la cual la gente, siempre que va sola por una banqueta, tiende a caminar por el centro, como si hubiese una tendencia natural al equilibrio en todas las cosas. Y quizá se deba a que inconscientemente le tengamos miedo a los muros o a los barrancos, y estoy pensando eso cuando, y esto ocurre muy rápido, pasa un hombre que camina muy de prisa, zapateando violentamente contra la banqueta con el cuero de sus suelas que se asoman bajo su traje azul. Su rostro va un poco absorto, distraído, pero sus ojos rebotan de un lado a otro, observándolo todo, sin retener nada. Únicamente se concentra en tomar trozos de una galleta que saca de una envoltura transparente, en meterlas a su boca, y en masticar. En una fracción de segundo y a un par de metros de distancia, ubica con gran indiferencia la posición de la oruga y, con un zapatazo, la aplasta de manera rápida, contundente, pero, sobre todo, deliberada. El sonido que hace es como el de un barro tronado, o como cuando se te destapan las orejas. El pavimento queda manchado por una mezcla de sangre y un líquido amarillento, y el hombre únicamente sonríe un poco, una sonrisa agridulce y parca de niño malcriado que se sale con la suya, y sigue caminando. De inmediato, me paro y le grito OYE HIJO DE PUTA, ¿QUÉ MIERDAS TE PASA? ¿POR QUÉ CARAJOS MATASTE A LA ORUGA? &lt;br /&gt;El tipo, un poco desconcertado, me mira y se vuelve a reír. Me enseña sus dientes blancos y perfectos, y sus labios con pedacitos de galleta húmeda, y señala la mancha en el piso y emite una especie de excusa conformada por pequeñas risas nerviosas y algunas palabras inconexas entre las que logro discernir un como “ssss” y “gusano”. Y luego, dice algo de que fue accidente. ¿QUÉ NO ME ESCUCHASTE IMBÉCIL? ¡ACCIDENTE MIS HUEVOS! TE VI CÓMO LO PLANEASTE, PERO NO LO PUDE EVITAR PORQUE ESTABA PENSANDO EN EL MIEDO A LOS MUROS, ¡HIJO DE PUTA! Me agaché junto al árbol más cercano y recogí un puñado de tierra que incluía una pila usada y algunas colillas de cigarro, y me acerqué al victimario de insectos. El hombre, pasmado, sólo me miró con cierto horror y un poco de asco. No sé si le repugnaba que mi camiseta estuviese rasgada y sudada, o si le daba asco mi calva. Quizá le ocasionaban náuseas mi olor o las estrías de mi gran panza que a estas horas del día siempre está brillante por el sudor. El caso es que  puso una cara de entre terror y la de alguien que se aguanta la respiración cuando pasa junto a un camión de la basura cuando me acerqué a él con el puñado de tierra, y apenas logró taparse ligeramente la cara con las manos cuando por fin me animé a lanzarle el puñado de tierra con fragmenos urbanos que le había preparado. Como si en ese momento hubiese despertado, o se hubiese dado cuenta que no era una broma, el tipo giró ciento ochenta grado, y salió corriendo, todo manchado de mierda, y cubriéndose la cara. Vislumbré unas gotas de sangre que le escurrían de la nariz. Le grité, ES UNA ORUGA, NO UN GUSANO, pero ya no sé si me escuchó. Yo me acerqué a la mancha del piso y comprobé que el insecto estaba convertido en una especie de retrato impresionista de una oruga que cae de un edificio. Me volví a sentar, algo triste, y me disponía a esperar el autobús nuevamente, cuando en eso siento pasos tras de mí y veo al policía de hace rato que viene con varios policías más y me tiran al piso e inmediatamente pasa una patrulla, y pues ahora voy en la parte trasera y a pesar de que me senté justo en el medio no estoy pensando en el miedo a los muros y a los precipicios, sino en que ahora sí me tomaron por sorpresa, pero ni modo, la gente nunca ha entendido ni entenderá esto. Les da miedo lo ajeno, lo distinto, lo inesperado. Algo gritan de actitud sospechosa, de procesos penales, narices rotas que tardan más de quince días en sanar. Pero hasta donde yo tengo entendido, lo único que estaba haciendo era salvar a las futuras mariposas, que cuando pasan volando nos alegran un poco el día, nada más. Por lo mismo, sus palabras me tienen sin cuidado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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Son las 8:27 de la mañana y la estación Rosario bulle de gente como cualquier otra terminal a esa misma hora. Parece un hormiguero en guerra sin ninguna hormiga reina que la comande (por suerte). Sigo la rutina: estoy sentado y luego me levanto. Me acerco a las puertas y efectivamente ahí está, necesariamente debía estar. Una señora. Sus ojos vibran viciosamente en una mirada que pretende simular la angustia omnipresente de la vida suburbana. Descubro su preocupación, casi la puedo oler, y es un olor desagradable como el de una bolsa de supermercado recién empaquetada entre más bolsas de plástico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tren del metro disminuye su velocidad, se detiene lentamente. Los pasajeros estamos listos para salir, estamos decididos a salir, todos parados enfrente de las puertas de SALIDA, muy atentos, porque detrás de nuestras espaldas, en el lado opuesto del vagón, hay una muchedumbre a la que se le hace tarde y que está parada enfrente de las puertas de ENTRADA igualmente decidida a entrar. Si eres de los que se encuentran dentro y no logras salir rápidamente corres el riesgo de morir aplastado, con una docena de pies calientes colapsando tus pulmones. Y sin embargo, entre tanta gente y entre tanta decisión, existe un orden presente, casi sistemático: tú sales y ellos entran. Sí, así de impersonal. Somos una masa anónima fácilmente reemplazable. Más o menos es así como funciona la democracia capitalista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bueno, al parecer la señora de los ojos viciosos no comprende esta lógica, y quizá esté haciendo lo correcto, ahí parada enfrente de la puerta de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;SALIDA&lt;/span&gt; por donde los pasajeros salen y no entran. Aunque eso sí, le está valiendo un carajo que los del otro lado te colapsen tus pobres pulmones. Ella quiere encontrar un asiento libre y ya. Que se joda el mundo. Que la gente siga comprando &lt;span style="font-style: italic;"&gt;bon ices&lt;/span&gt; y siga tirando sus envolturas vacías y chupadas en la calle. Al fin y al cabo ella tiene su asiento y su culo intranquilo tiene por fin un descanso. Sentarse: esa es su fantasía. Lo puedo leer en sus ojos inquietos, tan muertos y no obstante tan activos. Si tan sólo consiguiera escabullirse entre los tripulantes que descienden, si  al menos se lograra deslizar hasta un asiento ante los ojos encolerizados de los que mecánicamente han ido al andén de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;ENTRADA&lt;/span&gt; para abordar &lt;span style="font-style: italic;"&gt;ordenadamente&lt;/span&gt;, entonces habrá triunfado. Sería como un hurto, como un arrebato. Se quedaría con el asiento de alguien más. Y hasta podría presumirlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por fin un alto total, el tren del metro se mantiene inmóvil. En el aire domina una especie de bullicio silencioso. Se puede percibir el abatimiento de todos los pasajeros presentes durante un instante particularmente largo. Cada uno esperando a que las puertas se abran, siempre con una pizca de esperanza asomando a través del lodo. El conductor del tren &lt;span style="font-style: italic;"&gt;decide&lt;/span&gt; abrir las puertas de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;ENTRADA&lt;/span&gt; antes que las de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;SALIDA&lt;/span&gt;. La gente empieza a derramarse a través de las puertas apenas comienzan a separarse. De un momento a otro los vagones están casi llenos. Los pasajeros sentimos cómo una ola de carne se aproxima violentamente hacia nosotros. Podemos morir embarrados en los cristales de unas puertas que jamás se abrieron. Y la persona que en ese momento se siente más desgraciada es la gandalla de la señora con todo y sus ojos saltarines porque su plan se ha ido al carajo, porque a fin de cuentas todo dependía de un pobre chico que es empleado del Sistema de Transporte Colectivo y que le dio la gana abrir primero la puerta de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;ENTRADA&lt;/span&gt; y no la de &lt;span style="font-weight: bold;"&gt;SALIDA&lt;/span&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el último momento, con la gente casi encima de mí, se abren las puertas. Logro asomarme y veo como la señora de los ojos viciosos, casi a punto de aventarse contra nosotros &lt;span style="font-style: italic;"&gt;confiando&lt;/span&gt; en que aún es posible que pueda apañar un asiento libre, desiste con dificultad y hace una mueca de rabia mezclada con derrota.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi por inercia los pasajeros conseguimos salir, unos encima de otros. Mi mochila sigue colgando de mi hombro y ha resistido una compresión descomunal. La acomodo, me olvido de la señora y sus jodidos ojos y avanzo hacia las escaleras. La sirena de los vagones comienza a pipipear anunciando que dentro de poco las puertas se cerrarán. Algunos no han alcanzado a subir. La multitud de gente que sí lo logró es ya tan compacta que a penas y se distinguen sus componentes. Con mucho esfuerzo un anciano con ropa percudida que al parecer se había quedado rezagado en medio de la confusión consigue sacar un brazo, luego el otro y finalmente su pequeño cuerpo escapa de la masa de gente. Se detiene a recobrar un poco de aire y comienza a andar lentamente. Ya frente a las escaleras comienza a sobarse los riñones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;23/06/05 - 27/06/05&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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Ya sabes, ver cómo, eso de los sistemas de raíces....y el sentido de la responsabilidad, cuidar las cosas, ser individualmente responsables. Tú sabes bien a qué me refiero. Y todos los árboles se murieron. Eran naranjos. No sé por qué murieron, sólo se murieron. Puede ser que algo estuviera mal con la tierra o que el abono ese que nos trajeron de los viveros no fuera el mejor. Nos quejamos de eso. Así que tenemos treinta chamacos, cada niño y niña tenía su arbolito que iba a plantar, y luego tenemos treinta árboles muertos. Todos los niños mirando esos palitos cafés. Una cosa deprimente. &lt;br /&gt;     No hubiera sido tan malo pero la cosa es que apenas dos semanas antes de eso, todas las serpientes se murieron. Pero creo que las serpientes. . . bueno, la razón por la que las serpientes estiraron la pata fue, porque. . .tú lo recuerdas, el calentador estuvo apagado por cuatro días debido a la huelga, eso es algo explicable. Digo, es algo que se le puede explicar a los niños debido a la huelga. O sea, que ninguno de los papás habría dejado que sus hijos cruzaran la barrera de los huelguistas, y sabían que había una huelga y lo que eso implicaba. Así que cuando las cosas regresaron a la normalidad y encontramos a las serpientes, pues los niños no se consternaron demasiado.&lt;br /&gt;     En el caso de los jardines, probablemente se debió a que los regaron de más. Por lo menos ahora saben que no deben regar las plantas de más. Los niños eran bastante cuidadosos con los jardines, y es probable que alguno. . .ya sabes,  que le haya echado un poquito más de agua cuando nadie estaba viendo. O puede ser que. . .bueno, no me gusta pensar que alguien haya saboteado, aunque si se nos ocurrió. Digo, fue algo que nos cruzó por la cabeza. Es probable que pensáramos eso porque antes los gerbos murieron, y los ratoncitos blancos murieron, y la salamandra...bueno, al menos ahora saben que no las deben cargar en bolsitas de plástico. &lt;br /&gt;     Por supuesto, esperábamos que los peces tropicales se murieran; eso no fue ninguna sorpresa. Esos números, te equivocas en uno y al ratito los pececitos andan flotando boca arriba en la superficie. Pero el programa escolar pedía un número de peces tropicales en ese momento, y no había nada que hacer. Es lo mismo cada año: lo único que haces es apurarte a que sea lo más rápido posible. &lt;br /&gt;     Se suponía que no debíamos tener un cachorrito.&lt;br /&gt;     Se suponía que no debíamos tener uno, sólo fue un cachorrito que la niña Murdoch se encontró un día debajo de un camión de repartición de Gristede y le dio miedo que el camión lo aplastara  cuando el chofer terminara de entregar su pedido, así que lo metió en su mochila y se lo trajo a la escuela. Y así fue como nos hicimos de un perrito. Tan pronto vi al cachorro, pensé, Jesús santo, apuesto a que no va a vivir más de dos semanas, y luego. . . eso fue lo que hizo. Ni siquiera se suponía que estuviera en el salón de clases, hay una especie de reglamento al respecto, pero no les puedes decir que no tengan un perrito cuando ya está ahí, frente a ellos, corriendo por todo el piso, con su ladre que ladre que ladre. &lt;br /&gt;     Le pusieron Edgar. O como quien dice, lo bautizaron con mi nombre. Se divertían mucho, correteándolo y gritándole, “Ven acá Edgar”, “Sí, muy bien, Edgar”. Y se botaban de la risa. Les gustaba la ambigüedad, y la verdad es que a mí también. No me importa que la gente se mofe de mí. Hasta le hicieron una casita en el clóset de servicio y todo. No sé de qué murió. Moquillo, probablemente. Lo más seguro es que no estuviera vacunado contra nada. Lo saqué antes de que los niños llegaran a la escuela. Parte de mi rutina de cada mañana incluía revisar el clóset de servicio, porque sabía lo que iba a pasar. Se lo di al conserje. &lt;br /&gt;     Y luego está el caso de este huérfano coreano que la clase adoptó a distancia mediante el programa de Ayuda a un Niño. Todos los niños traerían 25 centavos cada mes, ésa era la idea. Fue una cosa desafortunada, el niño se llamaba Kim y quizá lo adoptamos muy tarde o algo. La causa de su muerte no se estipulaba en la carta que recibimos; nos sugirieron que adoptáramos otro niño y nos mandaron unos historiales interesantes, pero la verdad es que nos habría roto el corazón hacerlo. Al grupo le pegó bastante duro. Comenzaron (creo, porque la verdad es que nadie me dijo nada directamente) a sentir que quizá pasaba algo malo con la escuela. Pero no creo que pase nada malo con la escuela en particular; he visto cosas peores y he visto cosas mejores. Fue sólo una racha de mala suerte. Tuvimos un extraordinario número de padres de familia que murieron, por ejemplo. Hubo dos paros cardiacos, y dos suicidios, un ahogado, y cuatro que se mataron juntos en un accidente automovilístico. Ah, y un derrame. Y tuvimos la misma alta tasa de mortalidad entre los abuelos, o quizá fue más alta este año, al menos esa impresión me dio. Y finalmente la tragedia.&lt;br /&gt;     La tragedia ocurrió cuando Matthew Wein y Tony Mavrogordo estaban jugando allá donde están haciéndose las excavaciones para el nuevo edificio federal de oficinas. Había una gran pila de vigas de madera acomodadas, ya sabes, a la orilla de la excavación. Hay una demanda a raíz de todo esto, los padres alegan que las vigas estaban mal acomodadas. Yo no sé qué sea cierto y qué no. Ha sido un año raro.&lt;br /&gt;     Ah, olvidé mencionar al padre de Billy Brandt, quien fue muerto a puñaladas cuando forcejeó con un intruso enmascarado en su casa. &lt;br /&gt;     Un día, tuvimos una discusión en clase. Me preguntaron, ¿A dónde se fueron? Los árboles, la salamandra, los peces tropicales, Edgar, los papás, las mamás, Matthew y Tony, ¿a dónde se fueron? Y les dije, no lo sé, no lo sé. Y me dijeron, ¿y quién lo sabe? Y les dije, nadie sabe. Y me dijeron, ¿es acaso la muerte lo que le da sentido a la vida? Y les dije, no, la vida es lo que le da sentido a la vida. Y me dijeron, pero no es la muerte, considerada un datum tan fundamental, el medio mediante el cual la mundanidad inmanente de la vida cotidiana puede trascenderse en dirección hacia . . .&lt;br /&gt;Y les dije, sí, puede ser.&lt;br /&gt;Y respondieron, pues no nos gusta.&lt;br /&gt;Y les dije, pues es normal.&lt;br /&gt;Y me dijeron, ¡pues qué pinche mala onda!&lt;br /&gt;Y dije, pues sí, ni hablar.&lt;br /&gt;Me dijeron, ¿harías el amor con Helen (la profesora asistente) para que veamos cómo se hace? Sabemos que te gusta Helen.&lt;br /&gt;Y sí, me gusta Helen, pero les dije que no lo haría.&lt;br /&gt;Hemos escuchado tanto de ello, pero nunca lo hemos visto. &lt;br /&gt;     Les dije que me correrían y que nunca, o casi nunca, se hacía como demostración. Helen miraba por la ventana. &lt;br /&gt;     Dijeron, por favor, por favor, haz el amor con Helen. Necesitamos una reafirmación de valor. Tenemos miedo.&lt;br /&gt;     Les dije que no debían tener miedo (aunque yo muchas veces tengo miedo), y que había valor en todas partes. Helen se acercó y me abrazó. La besé unas cuantas veces en la frente. Nos abrazamos con fuerza. Los niños estaban excitados. Luego, sonó la puerta. La abrí, y el gerbo nuevo entró. Los niños celebraron ruidosamente. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Título en inglés, The School. Escrito por Donald Barthelme, traducción de Diego el De-compuesto. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
&lt;br&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/step2.php" target="_top"&gt;&lt;font color="#666666"&gt;Web Counters&lt;/font&gt;&lt;/a&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/23251255-114412027153626958?l=malresabio.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://malresabio.blogspot.com/feeds/114412027153626958/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=23251255&amp;postID=114412027153626958' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23251255/posts/default/114412027153626958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/23251255/posts/default/114412027153626958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://malresabio.blogspot.com/2006/04/la-escuela.html' title='&lt;strong&gt;La Escuela&lt;/strong&gt; por Donald Barthelme'/><author><name>El de-compuesto</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='27' height='32' src='http://photos1.blogger.com/x/blogger/326/1937/1600/645194/enoch.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-23251255.post-114375733978978742</id><published>2006-03-30T15:18:00.000-07:00</published><updated>2006-06-10T00:00:50.166-06:00</updated><title type='text'>Proceso de deterioro</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/hello/237/9624/640/robert.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;" src="http://photos1.blogger.com/hello/237/9624/640/robert.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me levanté con la vista nebulosa. Veía blanco y borroso. Cuando me planté frente al espejo del lavabo del baño de la casa perdí el equilibrio y casi me estrello con el vidrio. Me recuperé justo a tiempo. Me restregué los ojos rítmicamente y logré ver colores. Me miré los dedos. Tenía unos residuos de lagañas secas con pestañas. Me limpié las lagañas con mi camiseta. Tomé un buche fresco de agua no potable de la llave. Tomé otro buche y dejé corriendo el agua.  Nuevamente me inundó una debilidad que desde varios días se había interiorizado en mí. Me mojé el pelo, me mojé mis barbas de apóstol, me eché otro buche directo a la garganta y esta vez sí que me supo a óxido. Un poco de nauseas. Luego unas ganas de cagar. Cuando levanto la tapa me encuentro con un regalo. Alguien no le había jalado y una mierda amarilla instalada en el fondo de la taza estaba a mitad de un proceso de erosión; se desintegraba en hilos de fibra al compás del imperceptible oleaje del líquido ya pintado de ocre. Parecía un coral en decadencia, bien esponjado. Le jalé y todo desapareció remolino abajo. Me senté e hice lo mío. Tardé menos de cinco minutos. Me levanté y por poco se me olvida limpiarme el culo. Me limpié y regresé a mi cuarto. Yo tampoco le jalé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando desperté ya se oía la agitación urbana detrás de las paredes. Cláxones, maldiciones, aullidos, ofertas. De nuevo tenía la puta vista nublada y me dolía el cerebro. Decidí cerrar los ojos y dejar los problemas a un lado. Me quedé dormido por tercera vez. Cuando por tercera vez desperté había babeado toda la almohada y mis mejillas estaban blandas y empapadas. Mecánicamente me rasqué los ojos y al abrirlos vi el cuarto alumbrado. La silla y el restirador y las manzanas estaban anegadas de color. Eso ayudó un poco. Me senté en la cama y noté que el piso estaba cubierto de pestañas, no obstante todavía me quedaban algunas ahí pegadas alrededor de los ojos. Estaba de perezoso y no me venía en gana hacer nada así que me mantuve sentado, quieto por un buen rato hasta que se me entumió el cuello y entonces pensé “no hay una sola cosa que hagamos y que no nos desgaste”. Y verdaderamente me sentía desgastado. Era un proceso de deterioro que había comenzado desde que nací y que no pararía hasta acabar conmigo. Ya ni tenía fuerzas para sostener mis pestañas. Luego se me caerían las pecas y luego un pie (la mente se me había caído hacía tiempo). Me sentía incompleto, me estaba desmoronando, me iba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta la puta madre de tanto pesimismo-realismo y con una resolución sin precedentes metí los pies en los tenis, salté de la cama e hice temblar las pestañas, crucé el cuarto, salí al pasillo no sin antes cerrar de un portazo y con paso seguro me metí entre las personas que deambulaban por la acera. Caminé un rato sobre Eduardo Molina, rodeado por cabecitas y cabezotas. Los pies me punzaban y detuve mi marcha, algo andaba mal. Volteé hacia abajo y noté que me había puesto los tenis al revés. Me sentía como un gran idiota y supongo que varios transeúntes coincidían conmigo. Caminé forzándome a ignorar las miradas burlonas y me metí en el Pulmex. Pedí una jarra de dos litros y la liquidé sin contemplaciones. Pulque blanco y baboso, agrio, rico. Casi había olvidado los tenis que me herían, pero los dejé al revés convencido de que ninguna ampolla era peor que el presidente. Una orquesta tocaba música en vivo. Tocaba banda y los borrachitos bailaban pegados a las borrachitas. Yo andaba un poco pedo para ese entonces, bueno, todos ahí andábamos pedos, al menos un poco. Pedí una jarra de curado de piñón y esta vez lo bebí sin prisa, paladeando esa secreta mezcla agridulce que si no la conoces no sé que esperas para hacerlo. Estimulado por el alcohol, el cuadro se me presentaba confortante ya que había elegido una de las últimas mesas situadas hasta el fondo, desde donde podía apreciar el local en su totalidad. Pulmex es una pulcata contrastante: generalmente hay familias numerosas, con niños y toda la cosa, celebrando el cumpleaños número sesenta y cuatro de la abuela, apagando las velas de un pastel y sirviendo vasos desde una cubeta llena de curado; y simultáneamente un viejo borracho vomita el piso del baño de caballeros, unos novios jóvenes discuten qué hacer ante su segundo embarazo no deseado, todas las parejas que bailan sobre el mosaico verde se besan y acarician desaforadamente y unos cuantos pobres lobos solitarios como yo beben en silencio mientras las horas pasan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y en efecto, las horas pasaban y yo no sé cuánto pulque había consumido hasta que eché un vistazo a la jarra casi vacía y descubrí una bola de pestañas flotando sobre el líquido viscoso. Me asqueé ante la idea de haberme comido mis pestañas, o peor aún las del gordo hijoputa que llenaba las jarras. Estaba encabronado, tenía que averiguar la verdad, pero ¿dónde habían quedado todos los jodidos espejos? Me levanté vacilante y caminé hacia el baño bordeando la zona improvisada como pista de baile. Crucé la cortina que hacía de puerta. De pronto me sentí desorientado, no me encontraba precisamente en el baño, todo estaba oscuro. Cuando mis ojos se acostumbraron a la penumbra caí en cuenta de que me había confundido de puerta. Había salido del Pulmex y nadie me había detenido para cobrarme la cuenta. Al fin un poco de suerte. No sé cómo le hubiera hecho para escabullirme pues casi no llevaba dinero y había chupado como un globo desinflado. Decidí no madrearme al gordo sucio de las jarras y en vez de eso me alejé de la pulcata. Apenas doblé la esquina me recargué en la pared para acomodar los tenis en su lugar. Caminé por la avenida para refrescarme un poco. Se me bajó un poco la peda pero en cambio me entraron ganas de cagar. Una voz femenina que me llamaba desde atrás me hizo detener. Era una señora de cuarenta años, creo, con un vestido negro y viejo de escote gigante. Casi se le salían los senos. Se había teñido el pelo de rubio y maquillado en exceso. También estaba borracha.&lt;br /&gt;–Buenas noches señorito –me dijo.&lt;br /&gt;–Buenas noches.&lt;br /&gt;–Llevas prisa, cariño. ¿A dónde vas que te he estado gritando desde hace horas?&lt;br /&gt;–No lo sé, creo que a ningún lado.&lt;br /&gt;–¿Qué te parece esto? –me dijo, arrimándoseme; sus senos estaban a punto de escapar del escote–: vamos a mi casa, no está lejos y no cobro caro. Estoy segura que en tu vida te han cogido como yo lo haré.&lt;br /&gt;–A decir verdad –me excusé– creo que lo que ahora deseo es cagar. El pulque está acabando con mis tripas y no sé cuánto pueda aguantar.&lt;br /&gt;–No eres precisamente un caballero.&lt;br /&gt;–En lo absoluto.&lt;br /&gt;–Tampoco eres muy listo, querido. Si tanto deseas cagar ¿por qué no vuelves al Pulmex y después nos vamos a disfrutar?&lt;br /&gt;–Digamos que no sería bien recibido. Tengo cuentas pendientes.&lt;br /&gt;–Qué extraño, te veías tan tranquilo ahí dentro –me dijo y entonces recordé su cara. La había visto bebiendo en la barra–. Por cierto ¿por qué tienes tan pocas pestañas?&lt;br /&gt;No respondí. Sólo me concentraba en mis intestinos.&lt;br /&gt;–Muy bien –continuó–, en mi casa podrás cagar a gusto, y te repito, no vivo lejos ni cobro caro. Creo que no tienes opción.&lt;br /&gt;–Está bien, pero apurémonos –le dije, convencido de que después de cagar podría evadir la al parecer obligatoria sesión de sexo duro. Caminamos hacia la parada de Eduardo Molina y 5 de Mayo. Ella vivía a siete minutos de ahí, según me dijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llegó el microbús. Tres chamacos con pinta de asesinos subieron antes de nosotros. Dos de ellos se quedaron adelante como juntando el dinero que tenían que pagar y el otro se fue a sentar al fondo. Mientras, nosotros pagamos y nos sentamos en un par de asientos libres. Había un señor muy arrugado fumando junto a nosotros, y enfrente estaba tumbado un gordo con la camisa abierta más borracho que los dos juntos. Ella subió una de sus gruesas piernas sobre las mías y se le salió un seno. Se disponía a besarme cuando súbitamente reparé en la situación en la que nos habíamos metido, al tiempo que el chamaco más grande, el que se había ido al fondo, gritaba:&lt;br /&gt;– ¡Ora sí putos, cooperen y saquen las carteras!&lt;br /&gt;–Avanza, culero, ¡avanza normal y no hagas más paradas! –le gritó uno de los de adelante al chofer.&lt;br /&gt;– ¡Rápido  bola de pendejos, no nos queremos poner violentos! –rugió el que parecía más joven y le dio un puñetazo en el pecho al hombre del cigarro. El cigarro salió volando y echó chispas al chocar contra el suelo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El más grande se quedó cuidando la puerta trasera. El más chico sacó un costal e insultando a los pasajeros iba arrancando carteras, el muy hijo de puta estaba loco. El otro chamaco vació en una bolsa plástica las monedas del chofer y se quedó atento en la puerta de enfrente. Mi señora puta estaba aterrada, me apretaba con violencia. Cuando el pinche niño loco le vio el seno que escurría desde el escote puso una cara de lujuria que nadie hubiera imaginado de un crío. De repente, el gordo borracho que había visto la escena sin moverse, en un instante se levantó y con su gran masa alcohólica tlaqueó al hijoputa-loco-lujurioso, quien saboreaba el manjar con los ojos y no pudo hacer nada al respecto. Fue a dar contra el piso. El chofer, que apenas acababa de arrancar, frenó de golpe y los dos chamacos que seguían parados en las puertas, confundidos, saltaron del microbús y se perdieron entre las callejuelas oscuras. El gordo borracho comenzó a patear a su víctima con violencia.&lt;br /&gt;–¡¡¡¿No que muy cabrón pinche enano?!!! –le increpaba, y al abrir la boca llenaba el microbús con su tufo de mezcal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El niño loco sólo alcanzaba a cubrir su cara con ambos brazos y a suplicar que parase. Ya había empezado a sangrar y varias gotas rojas salpicaron mis tenis. Lejos de que alguien detuviera al gordo borracho, los pasajeros se le unieron y todos comenzaron a patearlo. Algunos le escupían. El señor del cigarro encendió un nuevo pitillo y con la punta ardiente le quemó el cuello y las manos en venganza. Hasta mi compañera se olvidó de mí y con el seno de fuera fue a darle de pisotones. Lo estaban liquidando. Ya también se acercaba el chofer dispuesto a cobrar el dinero que se habían llevado los otros dos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decidí no ver el resto. Bajé del microbús que estaba estacionado en la mitad de la calle y regresé a la parada. Un par de patrullas se acercaban emitiendo esos horribles destellos azules y rojos. Los policías acabarían con el disturbio para posteriormente darle ellos mismos una paliza al joven delincuente. Recordé que tenía ganas de cagar pero encontré inconveniente el hacerlo en la calle ahora que rondaban las patrullas. No quería que también me pararan una madriza a mí. Sin embargo la situación no era tan preocupante, ya que, recordé, no vivía tan lejos de ahí. Lo había olvidado con la presencia y proposiciones de aquella mujer. Simplemente tenía que rodear la calle donde estaba el Pulmex y volver sobre mis pasos. Apretando el culo llegué a los departamentos y apenas conseguí levantar la tapa. Un chorro de mierda líquida salió disparado contra la taza y el respaldo del escusado. Fue un alivio. Me limpié el culo y admiré mi creación. Era bella, pero dudo que alguien pudiera apreciarlo. Limpié el escusado con cuadritos de papel de baño, los eché a la taza y le jalé. Me lavé las manos y me disponía a entrar al dormitorio cuando me detuve presa de una duda. Todavía me quedé un rato inmóvil. Después, resignado, regresé al lavabo y miré mi cara en el espejo. Ni una pestaña, como lo temía. Me metí en la cama un poco consternado. No sabía qué era peor: si quedarme calvo de los ojos o el hecho de no poder regresar a Pulmex hasta que consiguiera algo de dinero para pagar la deuda. Necesariamente tenía que encontrar una solución.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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Esta historia debe durar lo mismo que puedes aguantar tu respiración. Y quizá un poco más. Así que escucha tan rápido como puedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando tenía trece años, un amigo mío escuchó sobre el “pegging”. Esto es, en inglés, cuando a un tipo se lo ponchan por la cola con un consolador. La leyenda dice que si estimulas la próstata con la fuerza suficiente, puedes tener orgasmos explosivos sin utilizar tus manos. A esa edad, el tipo es un pequeño maniático sexual; se la pasa viendo de qué y cuál forma puede encontrar una mejor manera para satisfacer a sus genitales. Así que va a comprar una zanahoria y un poco de petrolato, para llevar a cabo un experimento. Luego se imagina cómo se va a ver en la caja del supermercado: la zanahoria solitaria y la vaselina deslizándose por la banda hacia las manos del cajero, con todos los compradores de la fila observándolo, especulando sobre la fantástica tarde que tiene planeada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que mi amigo decide comprar leche, huevos, azúcar y una zanahoria: los ingredientes para un pastel de zanahoria. Y un bote de vaselina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si fuera a su casa a meterse un pastel de zanahoria en el trasero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya en su casa, pela la zanahoria hasta quitarle el filo, la embarra con lubricante y se sienta en ella. Y nada, ningún orgasmo. No pasa nada, excepto que le empieza a doler.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso, a  este chavo, su mamá lo llama. Le grita, diciéndole: es hora de cenar. Le dice que baje, ahorita mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saca la zanahoria de un pujón y esconde la porquería, toda sucia y resbalosa, en la ropa sucia bajo su cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de cenar, regresa a buscar la zanahoria y ya no está. Su mamá se había llevado toda su ropa sucia para lavarla mientras estaba cenando. No había forma que no hubiese encontrado la zanahoria, tan cuidadosamente aplacada y pelada con un cuchillo de su cocina, aún brillosa por el lubricante y apestosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este amigo pasa meses bajo una nube negra, esperando a que sus padres lo confronten. Y nunca lo hacen. Incluso ahora que es grande, esa zanahoria invisible cuelga sobre cada cena de Navidad, sobre cada fiesta de cumpleaños. En cada búsqueda de huevos de Pascua con sus hijos, los nietos de sus padres, esa zanahoria está volando sobre todos ellos. Esa cosa demasiado fea como para nombrarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente en Francia tiene un dicho: “el ingenio de la escalera.” En francés es esprit de l’escalier. Se refiere al momento en que encuentras la respuesta, pero que ya es demasiado tarde. Digamos que estás es una fiesta y alguien te insulta. Tienes que responderle pero, bajo presión, con todo el mundo viéndote, dices algo patético. Pero en el momento que sales de la fiesta...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando comienzas a bajar la escalera, magia. Se te ocurre la frase perfecta que le hubieras podido decir. La respuesta perfecta: destrozadora y humillante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ése es el ingenio de la escalera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El problema es que ni los franceses tienen una frase para las estupideces que realmente dices bajo presión, para esas cosas estúpidas y desesperadas que realmente piensas o haces.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas son tan ruines que ni siquiera tienen un nombre. Son tan ruines que ni hablamos de ellas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En retrospectiva, los expertos en psicología infantil y los orientadores psicológicos en las escuelas ahora piensan que la mayoría de las muertes de la más reciente racha de suicidios adolescentes se debieron a chavos que intentaban estrangularse mientras se masturbaban. Sus padres los encontrarían con una toalla apretada alrededor del cuello y amarrada al tubo del closet del cuarto, y al chavo muerto. Esperma muerto por todos lados. Por supuesto, los jefes limpiaban, le ponían pantalones al chavo. Hacían que se viera...mejor. Por lo menos, intencional. Un suicidio adolescente. Algo triste, pero nada fuera de lo normal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A otro amigo mío, es un chavo de la escuela, y su hermano mayor que está en la Marina le explicó que los tipos en el Medio Oriente se chaquetean distinto que nosotros. Este hermano estaba asignado a un país camellero en el que en el mercado público vendían lo que podríamos considerar abrecartas elegantes. Cada uno  de estos artefactos consistía en una delgada barra de metal o plata pulida, de una longitud similar a la de una mano, y con una gran pelota de metal o manija elegante (como la de una espada) en la punta. Este hermano marinero habla de cómo los árabes toman sus vergas tiesas y luego meten la barra de metal dentro de su erección. Se la jalan con la barrita adentro y cuando se vienen es mucho mejor. Mucho más intenso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este es el hermano que viaja por el mundo, mandándole frases en ruso, frases en francés. Consejos útiles para la masturbación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esto, un día sucede que el hermanito no va a la escuela. Esa noche, llama para pedirme que recoja su tarea de las próximas dos semanas. Está en el hospital.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comparte el cuarto con viejos a los que les están operando las tripas. Dice que todos tienen que compartir la misma televisión. Su única privacidad es una cortina. Sus jefes no lo visitan. Por teléfono, me dice que sus padres tienen ganas de matar a su hermano, el que está en la Marina. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por teléfono, el chavo me cuenta que el día anterior estaba un poco pacheco. Estaba en su casa, en su cuarto, tumbado sobre su cama. Tenía una vela prendida y hojeaba unas revistas porno viejas, listo para jalársela. Esto ocurrió después de lo que le dijo su hermano de la marina, esa sugerencia de cómo se la jalaban los árabes. El chavo este, busca a su alrededor algo que pudiera servir. Una pluma es muy grande, un lápiz es demasiado grande y tosco. Pero escurriendo por la vela, hay una orillita delgada y suave de cera que podría funcionar. Con la punta del dedo, mi amigo rompe la orilla de cera y la frota entre las palmas de sus manos hasta convertirla en algo largo, delgado y suave.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pacheco y caliente, la inserta cada vez más profundo en el ojo de su verga dura, y con un buen cacho aún asomándose por la cabeza, comienza su ejercicio. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso ahora, dice que esos árabes son bastante pinches listos. Reinventaron la chaqueta por completo. Aplastado boca arriba sobre su cama, las cosas van tan bien que el chavo no piensa ya en el lugar donde está la cera. Está a un apretón de venirse cuando se da cuenta de que la punta de la varita ya no se está asomando.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se deslizó hacia adentro. Muy hacia adentro. Tan adentro que ni siquiera puede sentir la protuberancia en su verga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En eso, escucha a su mamá gritarle desde abajo que es hora de cenar. Le dice que baje, ahora mismo. El chavo de la cera y el de la zanahoria son personas diferentes, pero todos vivimos vidas bastante similares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es después de la cena que le empiezan a doler las tripas. Es por la cera, así que pensó que se derretiría en su interior y luego la orinaría. Ahora la duele la espalda. Los riñones. No puede pararse derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este chavo hablando por teléfono en la cama del hospital, tras él puedes escuchar campanas sonando, gente gritando. Concursos en la televisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los rayos X muestran la verdad: algo largo y delgado, doblado en su vejiga.  Esta larga y delgada V que está dentro de él, está recolectando todos los minerales de sus meados. Se está poniendo más grande y dura, se le está formando un recubrimiento de cristales de calcio. Está chocando alrededor, rompiendo el delgado tejido de su vejiga, bloqueando la salida de sus meados. Sus riñones están tapados, y lo poco que escurre de su verga está rojo por la sangre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este chavo y sus jefes, toda su familia, ahí observando. Con el doctor y las enfermeras ahí parados, y la diapositiva del rayo X con una gran V de cera blanca que brilla para que todos la vean, tiene que decir la verdad. La manera en que los árabes se hacen pajas. Lo que su hermano mayor le escribió en la carta desde la marina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, por teléfono, comienza a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pagaron su operación de la vejiga con el dinero de un fideicomiso que sacaron para que algún día fuera a la universidad. Un error estúpido, y ahora nunca será abogado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Metiéndote cosas en partes del cuerpo. Metiendo partes de tu cuerpo en cosas. Una vela en tu verga o tu cabeza en una horca, todos sabíamos que iba a causar problemas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que a mi me metió en problemas fue algo que llamaba el Buceo de las Perlas. Esto era chaquetearse bajo el agua, sentado en el fondo de la parte honda de la alberca de mis padres. Con una buena bocanada de aire, me bastaba para patalear hasta el fondo de la alberca y quitarme el traje de baño. Luego, me sentaba ahí por dos, tres, o cuatro minutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De sólo chaquetearme desarrollé una gran capacidad pulmonar. Si la casa estaba sola, lo hacía toda la tarde. Después de vaciar mis tuberías, mi semen flotaba ahí en plastas grandes, gordas y lechosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de eso había que sumergirse un rato más para atraparlo todo. Recolectarlo y limpiarme con una toalla. Por eso lo llamaba el Buceo de las Perlas. Y aun con el cloro, todavía tenía la preocupación de mi hermana. Oh, por Dios, de mi madre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ése solía ser mi más grande temor en la vida: mi hermana adolescente y virgen, pensando que está engordando, y luego pariendo un bebé de dos cabezas con retraso mental. Dos cabezas con caras idénticas a las mías. Yo, padre y tío. Pero, a final de cuentas, las cosas de las que te preocupas nunca son las que terminan por joderte. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La mejor parte del Buceo de las Perlas era el puerto de entrada del filtro de la piscina y la bomba de circulación. La mejor parte era desnudarse y sentarse en ella. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como dirían los franceses, ¿A quién no le gusta que le chupen el culo? De cualquier forma, de un minuto a otro, pasas de ser un chavo pajeándote a no ser un abogado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El primer minuto estoy acomodándome en el fondo de la piscina. El cielo, celeste y ondulante, se vislumbra a través de los dos y medio metros de agua que descansan sobre mi cabeza. A excepción de los latidos de mi corazón que retumban en mis oídos, el mundo está en silencio. Mi traje de baño amarillo de rayas está colgado alrededor de mi cuello por si, en una de esas, algún amigo, vecino, o cualquier persona, viene a preguntarme por qué falté al entrenamiento de futbol americano. El constante chupar del puerto de entrada de la piscina se siente como lengüetazos, y la sensación hace que apriete y meneé mi escuálido y pálido culo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Durante un instante, tengo suficiente aire y mi verga está en mi mano. Mis jefes están en el trabajo y mi hermana tiene ballet. Nadie debe venir a casa por horas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi mano me conduce a que casi me venga, y me detengo. Nado a la superficie para tomar otra bocanada y nado hacia el fondo en el que me acomodo nuevamente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo hago una y otra vez.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta debe ser la razón por la que a las mujeres les gusta sentarse en tu cara. La succión es como echarse una cagada que nunca termina. Mi verga está dura y mi culo está recibiendo lengüetazos, y no necesito aire. Con los latidos de mi corazón retumbando en mis oídos, me quedo en el fondo hasta que brillantes estrellas luminosas comienzan a serpentear alrededor de mis ojos. Mis piernas se estiran: la parte trasera de cada rodilla está roja de ser frotada contra el suelo de concreto. Los dedos de mis pies se van poniendo azules y, al igual que mis dedos de la mano, ya se ven arrugados por tenerlos tanto tiempo bajo el agua. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahí es cuando dejo que ocurra. Las plastas comienzan a dispararse. Las perlas. Y tengo que respirar, necesito aire. Pero cuando intento recargar mis pies contra el suelo, no puedo. No puedo poner mis pies bajo de mí. Mi culo está atorado.&lt;br /&gt;Los paramédicos de urgencias te pueden confirmar que cada año, unas 150 personas se atoran de esta manera, se atoran en una bomba de circulación. Ya sea tu cola de caballo o tu cola, te vas a ahogar. Cada año, le pasa a un buen de gente. A la mayoría en Florida. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que pasa es que la gente no habla de ello. Ni los franceses hablan de todo. Levanto una rodilla y apoyo un pie sobre el fondo, logro medio pararme y ahí es cuando siento que me jalan el culo. Bajo el otro pie y pataleo contra el fondo. Me estoy soltando; ya no siento el concreto, pero tampoco llego al aire. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo pataleando en el agua, lanzando ambos brazos hacia adelante. Quizá esté a la mitad del camino de la superficie pero no subo más. Los latidos de mi corazón resuenan en mi cabeza y se vuelven más fuertes y más rápidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unas luces brillantes cruzan por delante de mi cara y de mis ojos. Volteo y miro hacia atrás…pero no tiene sentido. Hay como una cuerda, como una serpiente blanquiazul y venosa que se ha salido del drenaje y está agarrada de mi trasero. Algunas de las venas están sangrando, sangre roja que bajo el agua se ve negra y que se escapa a través de pequeñas magulladuras en la pálida piel de la serpiente. La sangre se mueve, se aleja y desaparece en el agua. Dentro de la delgada y blanquiazul piel de la serpiente se pueden ver trozos de comida a medio digerir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésta es la única manera de que esto tenga sentido. Un horrible monstruo marino, una serpiente marina, algo que nunca ha visto la luz del día y que ha estado escondido en el oscuro fondo del drenaje de la piscina, esperando para comerme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces...le doy de patadas al nudo resbaladizo y elástico de piel y venas, y entre más lo pateó, más parece salir del drenaje de la piscina. A estas alturas, probablemente sea tan larga como mis piernas, pero sigue agarrada con fuerza al ojo de mi culo. Doy otra patada, y estoy a un segundo de poder tomar otra bocanada de aire. Todavía siento cómo la culebra está jalándome el culo cuando estoy a un segundo de escaparme. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enredados dentro de la serpiente puedes ver trozos de maíz y cacahuates. Puedes ver una pelotita naranja y brillante. Es una de esas píldoras que son como vitaminas para caballos, y que mi papá me hace tomar para subir de peso. Para que me den una beca por jugar fútbol americano. Con hierro extra y ácidos grasos omega tres. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ver esa píldora vitamínica es lo que salva mi vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es una culebra. Es mi intestino grueso, mi colon sacado de mi cuerpo por la bomba de la piscina. Lo que los doctores llaman prolapsado. Son mis tripas, que las chupó el caño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los paramédicos dicen que una piscina bombea 330 litros de agua cada minuto. Esos son unos 180 kilos de presión. El problema es que todos estamos conectador por dentro. Tu culo es simplemente el otro extremo de tu boca. Si me suelto, la bomba sigue trabajando y desenredando mis vísceras hasta dar con mi lengua. Imagínate lo que se siente cagar un mojón de 180 kilos y podrás imaginarte que esto termina por sentirse como si te sacaran las tripas de adentro hacia afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que sí te puedo decir es que tus tripas no sienten mucho dolor. Al menos no de la manera en que tu piel siente dolor. Las cosas que digieres, los doctores la llaman materia fecal. Un poco más arriba está el bolo alimenticio, que son bolsitas de una porquería líquida y muy delgada llena de granos de maíz, cacahuates y de redondos chicharitos verdes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De eso es toda la sopa de sangre y maíz, mierda y semen y cacahuates que flota a mi alrededor. Con todo y mis tripas que se desenredan y se me salen por el culo, y yo deteniendo lo que queda; con todo y eso, lo primero que quiero hacer es, de alguna manera, volverme a poner el traje de baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que por nada en el mundo me vean el pito mis jefes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una mano está enroscada alrededor de mi culo, la otra agarra mi traje de baño amarillo de rayas y lo quita de alrededor de mi cuello. De cualquier forma, ponérmelos me resulta imposible. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si quieres sentir tus intestinos, ve y compra un paquete de esos condones de piel de cordero. Saca uno y desenrédalo. Luego, lo llenas de crema de maní, lo embarras de petrolato y lo sostienes bajo el agua. Luego, trata de desgarrarlo. Trata de romperlo a la mitad. Es demasiado duro y su consistencia es como de hule. Es tan resbaladizo que no te puedes sostener de él. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un condón de piel de cordero, no es más que un simple intestino. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya ven a lo que me enfrento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Te sueltas un segundo y estás destripado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nadas hacia la superficie, buscando una bocanada de aire, y estás destripado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si no nadas, te ahogas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es una decisión entre morir ahora, o morir dentro de un minuto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que van a encontrar mis jefes cuando lleguen de trabajar es un gran feto desnudo, enroscado alrededor de sí mismo. Flotando en el agua turbia de la piscina de su jardín. Amarrado al fondo de de la alberca por una soga de venas y tripas torcidas. El opuesto de un niño que se cuelga mientras se hace una chaqueta. Este es el bebé que trajeron a casa hace trece años. Es el niño que esperaban obtuviera una beca deportiva y una Licenciatura en Administración de Empresas; que los cuidaría cuando estuvieran grandes. Aquí están sus esperanzas y sus sueños. Aquí, flotando desnudo y muerto. A su alrededor, grandes y lechosas perlas de esperma desperdiciado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La otra opción es que me encuentren envuelto en una toalla sangrienta, colapsado a la mitad del camino entre la alberca y el teléfono de la cocina, con mis pedazos maltrechos de tripas machucadas y desgarradas colgando por fuera del pantaloncillo izquierdo de mi traje de baño amarillo de rayas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de esas cosas de las que ni los franceses hablan. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hermano ese que está en la marina nos enseñó una otra frase muy útil. Una frase rusa. Así como inglés dicen, “esto me hace tanta falta como un hoyo en la cabeza. . .”, los rusos dicen, “eso me hace tanta falta como una dentadura en el culo. . .”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mne eto nado kak zuby v zadniste.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las historias de cómo los animales atorados en las trampas de los cazadores se arrancan la pierna a mordidas, pues, cualquier coyote te puede confirmar que unas cuantas mordidas son mejor que estar muerto. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uta...en una de ésas, aunque seas ruso, quizá quieras tener esa dentadura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De otra manera, tendrás que girar sobre ti mismo. Enganchar un codo alrededor de la parte trasera de tu rodilla y jalar esa pierna hasta la superficie. Lanzas feroces mordidas a tu propio culo. Se te acaba el aire y destrozarás cualquier cosa a mordidas si de otra bocanada de aire se trata.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es algo que le quieras contar a una chica cuando te la estás ligando. No si esperas que te de chance de darle un beso. Si te dijera a qué sabe, te aseguro que nunca, jamás, volverías a comer calamares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No estoy seguro si a mis jefes les causó más disgusto saber cómo me había metido en tantos pedos o cómo me había salvado. Después del hospital, mi mamá me dijo, “No sabías qué estabas haciendo, chiquito. Estabas en shock.” Y aprendió a cocinar huevos al vapor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a todos los que se asquearon o sienten lástima por mí....&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me hacen tanta falta como una dentadura en el culo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, la gente me dice que me veo muy delgado. Cuando voy a cenas la gente se pone toda encabronada y se calla cuando no me como el estofado que prepararon. El estofado me mata. El jamón ahumado. Cualquier cosa que se quede en mis tripas por más de un par de horas, sale y sigue siendo comida. Los frijoles o el atún bajo en calorías...me paro y me asomo y veo que siguen ahí en la taza del escusado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de que te hacen una resección intestinal radical, ya no digieres la carne tan bien. La mayoría de las personas tienen metro y medio de intestino grueso. Tengo suerte de tener quince centímetros. Así que nunca obtuve una beca deportiva. Nunca obtuve una Licenciatura en Administración. Mis dos amigos, el chico de la cera y el de la zanahoria, crecieron y están grandes, pero yo no he pesado un kilo más de lo que pesaba aquel día cuando aún tenía trece años. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro de los problemas fue que mis jefes pagaron una buena lana por esa alberca. Al final, mi jefe le dijo al tipo que la vino a arreglar que fue un perro. El perro de la familia se cayó y se ahogó. La bomba absorbió el cuerpo. Hasta cuando el tipo abrió la ranura del filtro y pescó un como tubo de hule, un pellejo de intestino que parecía un plástico aguado, y que tenía una gran píldora vitamínica naranja adentro. Aun entonces, mi jefe sólo dijo, “Ese pinche perro estaba loco”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta por la ventana de mi cuarto, en el segundo piso, podías escucharlo decir, “No podíamos dejar solo a ese perro ni un segundo. . .” &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y luego a mi hermana se le retrasó la regla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Incluso después de que cambiamos el agua de la alberca, después de que vendimos la casa y nos mudamos a otro estado, después del aborto de mi hermana, mis jefes no lo volvieron a mencionar en ningún momento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ésa es nuestra zanahoria invisible.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tú. Ahora puedes inhalar una buena bocanada de aire. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo aún no he podido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuento original en inglés "Guts", por Chuck Palahniuk. Traducción de Diego el de-compuesto. Todos los derechos reservados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;a href="http://easyhitcounters.com/stats.php?site=malresabio" target="_top"&gt;&lt;img border="0" alt="Free Hit Counters" src="http://beta.easyhitcounters.com/counter/index.php?u=malresabio&amp;s=miniscu" ALIGN="middle" HSPACE="4" VSPACE="2"&gt;&lt;/a&gt;&lt;script src=http://beta.easyhitcounters.com/counter/script.php?u=malresabio&gt;&lt;/script&gt;
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